La tristeza es una constante.
El amor somos nosotros,
el odio también.
La felicidad
es una efímera eventualidad
y una eterna necesidad.
La soledad
es la madre de los poetas,
los locos y los suicidas.
El silencio es sólo eso,
silencio abrasador, fúnebre
y vital y nocturno e insomne.
La vida
es un hermoso y perfecto
morir de apoco.
La muerte
es la sarcástica ironía
de haber vivido un poco.
La sed
es de agua de mar,
de viento, de tiempo.
El tiempo
es la amarga soledad de las horas
en que escribo estos versos.
El cenit
es tu carne, tu aliento,
tu mirada.
La belleza
es el todo suspendido
en la intensa luz de la nada.
El poeta
sólo papel, grafito y
palabras.